Durante años, olvidando su historia, Toro estuvo dormida, condenada a vender sus vinos a granel a zonas, sobre todo Galicia, que necesitaban más grado y color.
Únicamente Manuel Fariña, con su Colegiata, luchaba contra los tópicos y triunfaba, sobre todo en el mercado exterior. Junto a él hay que destacar al enólogo Wenceslao Gil y su Vega Saúco.

La llegada de la familia Eguren a Toro, con su Numanthia, marcó el camino del cambio. Numanthia nace en 1998 y fue acogido con gran éxito por la crítica especializada que situaba por primera vez un vino de Toro entre los grandes.
Más tarde los Eguren sacan Termanthia, que con la añada 2004 consigue los anhelados 100 puntos Parker, por primera y única vez, de momento, para la zona.

Casi a la vez desembarca en Toro Vega Sicilia, que por primera vez abandona la Ribera del Duero para instalarse aquí. Nace así Pintia, con su búsqueda de la elegancia. Los primeros viñedos, siempre viejos y en las mejores zonas, los compraron en 1997, pero no sacarían su primer vino hasta el año 2001.
A la vez llega Mariano García, por entonces enólogo de Vega Sicilia, que también compra sus viñedos en estos años y saca su San Román.
Otro gran personaje de la Ribera del Duero, Alejandro Fernández, se acerca a la zona, aunque se queda en los límites de la denominación cuando compra la espectacular finca de los hermanos Molero, donde replanta viñedo y saca Dehesa La Granja.

De la Rioja llega también Telmo Rodríguez, con sus tres vinos con el Pago la Jara como estrella. De Francia llegan los hermanos Lurton y Bernard Magrez y de Escocia Grant Stein, con su Estancia Piedra.
El panorama vinícola de Toro ha cambiado de forma espectacular. Los graneles son ya parte de la historia o cuando menos no son los protagonistas.
Las ventajas de Toro son sus viejas viñas, en muchos casos no atacadas por la filoxera, su clima, bastante más regular y menos dado a las heladas que el de la vecina Ribera del Duero, y la opulencia que sabe dar a sus vinos.
Su mayor problema puede ser la rusticidad, que, a pesar de los esfuerzos de muchos elaboradores, está todavía presente en sus vinos. Queda por ver la capacidad de envejecer y la dignidad con la que envejecen estos vinos. El tiempo lo dirá.
Como curiosidad mirad esta cata que publica elmundovino sobre los vinos medios de Toro. La conclusión es clara
En resumidas cuentas, una cata interesante e instructiva que demuestra que sí se puede hacer buen vino a precio razonable en esta comarca vitivinícola histórica que es Toro.
