Llegado el invierno, pero muy de vez en cuando, tengo costumbre de guisar callos o manitas de cordero sobre una base de salsa madrileña pero con un importante toque asturiano otorgado por el chorizo y la morcilla que utilizo. Son dos platos espectaculares con sabores parecidos pero con resultados diferentes.
Las manitas de cordero son más comprometidas de preparar, no por su dificultad sino por el olor que desprenden en su primera cocción a pesar de estar bien limpias. Eso hace que en casa, en ocasiones, su preparación no sea bienvenida.
En esta ocasión he seleccionado las manitas de cerdo en vez de las de cordero y son mucho más agradables de preparar aunque el proceso es muy parecido. Por otra parte al ser más grandes permiten otras preparaciones, principalmente rellenas, con las que nos meteremos en próximas ocasiones. En esta ocasión hemos decidido prepararlas como habitualmente hacemos los callos o las manitas de cordero.
Como los callos o las manitas de cordero su elaboración tiene dos preparaciones, primero cocemos las manitas de cerdo y luego las guisamos en la salsa que vamos a preparar. Vamos a ver la receta.
